20 mayo, 2011

HE VISTO



He visto a la gente aglomerarse, he visto a jovenes luchar por algo que nada tenia que ver con fiesta y alcohol, he visto al futuro vislumbrar detras de las miradas de cada mujer y hombre, he visto darse la mano al extranjero, al parado, al explotado y he visto como caían los muros de catalanes, vascos, madrileños o del sur...he visto brazos alzarse sin necesidad de violencia, he visto voces unirse al son de gritos de guerra...

Me he sentado en sol y he descubierto que es el salón, cocina, baño y dormitorio de muchas personas...que sacrifican su espalda por unos derechos reales...que no tienen ni frío ni miedo, que se arropan con renovados ideales... 
He visto a un país, levantarse contra la opresión que ha subyugado a generaciones, he sentido el orgullo de pertenecer a esta nueva estirpe de guerreros sin más arma que la palabra, he llorado al ver como se ponía en jaque a todos los que hasta hoy, habían llevado las riendas...

He visto a cientos de individuos individuales, formar masa, ser solo una voz que sobresale por encima de las demas voces, he compartido por un instante el sentimiento de todos los que se encuentran en cada plaza de cada ciudad de cada rincón, y he mirado hacia delante con la misma fuerza y esperanza...
He visto a politicos retractarse, venderse, menospreciarse...ante contrincantes tomadores de las calles, poseedores de verdades, dueños de sus actos, revolucionarios de a pie...

He mirado de frente al futuro, y allí los he visto, a todos, a los sueños cumplidos, a la libertad liberada, a las palabras sin dueño, al empleo indefinido, al porvenir bajo techo, a la vida renaciente, a la oportunidad recuperada, 
A LA DEMOCRACIA REAL ¡YA!

AMARGO SABOR



Nada valía la pena después de todo, nada cambiaría su triste situación, pensaba mientras le daba una patada a una lata en la acera...
Eran muchos los meses en que Andrés había recorrido las mismas calles camino a casa completamente solo, taciturno, ausente, esperando a que detrás de alguna esquina se encontrara ella, pero resulta que su vida parecía no tener esquinas desde hacía mucho tiempo...desde el mismo día en que Daniela, decidiera reducir su vida a cenizas, dando un portazo al salir.

Se miraba en los escaparates, y la imagen que veía daba bastante lástima. Un pelo desaliñado, un pitillo a medio fumar en los labios, una gabardina raída y unas zapatillas de deporte desgastadas...¿Era ese su estilo?, seguía pensando, o tal vez solo era el resultado de un cúmulo de acontecimientos malditos que habían ido destruyendo su imagen...sus columnas ya no eran publicadas ni en la gaceta de la noche, sus vicios se habían incrementado un 25% en los últimos tiempos, las chicas de bares de mala reputación, el whisky barato del chigre que no cierra hasta las tres, la tos carraspeante fruto de alguna cajetilla de más...
Ni siquiera tenía el valor para meterse algo más duro y olvidar las penas, ¡No!, el quería vivir todos sus tormentos, cada instante de dolor, pensando en que tal vez, se lo merecía...
Se paro en seco, sacó un cigarrillo, lo encendió, y se sentó en un banco. Refrescaba la noche, como cualquiera de octubre, pero Andrés no tenía ninguna prisa por volver a casa...una casa que solo le atormentaba, donde las paredes le escupían recuerdos, imágenes de tiempos mejores, de un joven bien avenido y lleno de sueños, un periodista dispuesto a comerse el mundo, con una rubia a su brazo, una rubia con el nombre más bonito del mundo, Daniela...

Recordaba conocerla en una convención, recordaba que era la fotógrafa más bonita del hotel, recordaba irse a vivir con ella, y miles de momentos románticos y calientes...pero también recordaba las horas de trabajo lejos de ella, la insistencia de la chica ante su pasotismo, el ausente espacio entres sus piernas, la llegada de un tercero en discordia y el fin, disparado a quemarropa...

Se dio cuenta de que el pitillo se había acabado al quemarse ligeramente los dedos...se frotó la cara, se levantó y llegó a su calle...abrió el portal, levitó como un fantasma escaleras arriba y entró en casa.
Siete meses después, todo seguía oliendo a ella, y su masoquismo hacía que ese punzante dolor en el centro del pecho, le gustara, como si con ello, pudiera olerla...
Se dirigió al minibar y sacó una botella de whisky a medio beber, encendió la radio y puso alguna emisora de esas de canciones antiguas y en inglés. Se sirvió una copa con dos hielos y se sentó en el sofá...
Mientras bebía, se deleitó una última vez con la imagen de su carcelera, apareciendo por tanto, y de manera inevitable, la posterior masturbación.
Una vez hubo acabado se levantó, subió la música, agarró la botella y se dirigió al baño. Abrió el grifo y tapo la bañera...mientras el agua subía abrió el armario y cogió un bote de pastillas aparentemente desconocidas, se desnudó y se metió en el agua. Ingirió más de quince pastillas según figuraba al día siguiente en la sección de sucesos, y se terminó la botella...

Cuando la radio anunció las cuatro, Andrés ya se había dormido...

08 mayo, 2011

CALIDA LOCURA



La noche se cernía sobre nosotras, nos arropaba con su cálido manto de estrellas fugaces...tu y yo calladas, hablando con el lenguaje de las miradas, comiéndonos a besos, estrechando los lazos entre tu pecho y el mío, transportándonos a una isla desierta, que por esa noche puse a tu nombre, jugándonos el tipo, derribando los muros que protegían ese músculo que por primera vez latía por alguien...
Te miré, y una ráfaga de calor se hizo dueña de mis terminaciones nerviosas, empezando en mi cabeza y bajando hasta cubrir mi entrepierna... mi boca intentaba describir todas las sensaciones que mi alma arrojaba a quemarropa, pero mis labios estaban cerrados por esa inoportuna y delatora sonrojez que se alojaba en mis mejillas...


Tus manos, dibujaban siluetas en mi piel, subían y bajaban por mi cuerpo, inventando con los dedos un idioma nuevo, y yo allí, deseando que aquella noche fuera eterna, solo el anticipo de mil noches por llegar, ansiando que te quedaras a mi lado, que nuestra locura fuera nuestro propio oasis, descubriéndome unida a ti, queriéndote como a nadie. Los besos se hacían más intensos a medida que subían los grados, las caricias atravesaban la epidermis, llegando a rozarnos por dentro, y la mente se quedaba a un lado, para deshacerse en rápidas y entrecortadas respiraciones...
Imaginé como sería fundirnos en una, descubrir una manera diferente de entrelazarnos, conocernos más de lo debido, dejando latente la necesidad constante de tu olor en mi ropa, de tu sabor en mi boca, de tu sudor en mi cama...y en ese punto justo de la noche, noté un vuelco vertiginoso en la parte izquierda de mi pecho...


Miré el reloj que inocentemente marcaba las seis de la mañana; amanecería en algo mas de una hora, e intentar dormir se antojaba imposible, nos movía el instinto, como seres irracionales a las que les queda poco tiempo, como si quisieramos bebernos la vida , aprovecharnos al máximo, no separarnos jamás...
Una mezcla de melancolía y pasión nos envolvía, se enfrentaban la felicidad de estar a tan solo dos milímetros de distancia, con  la certeza de los kilometros que nos separarían tan solo unas horas después...
Las cuerdas de acero que se cernían a nuestras pelvis, nos otorgaron el poder de la telequinesia, y pudimos leernos la mente sin problemas, seguir el ritmo de cada estimulo, movernos al unisono, estimular cada punto, desbordar los ríos de nuestro ser, para terminar mordiéndote el labio con la fuerza de lo ansiado...
Cuando los primeros rayos de sol inundaron mi ventana, te miré una última vez antes de levantarnos y un suicida te quiero se desprendió de mis labios...