01 enero, 2011

INCOHERENCIA


Todo empezó a desmoronarse a mi alrededor, dejaron de importar los latidos de aquel corazón inerte, todo se congeló en cien metros a la redonda, y yo, solo deseé quedarme sola...

Aunque me esforcé hasta dejarme las ganas, vi como morían uno a uno mis sentimientos, y como en cuestión de días, dejé de sentir...nada ni nadie me importaba, y eso abría una a una mis venas, porque no lo había deseado, pero esa no era yo, alguien mas sobria y gris, había ocupado mi lugar, y ese nuevo ser, solo deseaba correr, correr hasta que ya no conociera a nadie, hasta donde pudiera empezar de nuevo...

De golpe, así, sin avisar, la decepción tiro de una patada la puerta de mi alma, enseñándome que nadie merecía la pena, que la vida solo te daba instantes buenos, como estrellas fugaces, llenándote de esperanzas que jamás se cumplirían...

Y llegados a este punto, intenté llorar, pretendí que con cada lágrima, se fueran yendo todos los odios, todas las penas con las que ahora miraba al mundo...pero no pude, fui incapaz de provocar el llanto, y en aquel momento asumí, que estaba muerta por dentro, que ya no quería que otro cuerpo me tocara, que solo deseaba que todo se perdiera en mi pasado y yo pudiera adentrarme en un mar de culpas y de autocrítica, donde pudiera naufragar...

Poco a poco todo la oscuridad empezó a invadirme, el silencio se estrello a gritos contra mi oído, el mundo se volvió borroso y lejano y una sensación de humo, como si flotase, se metió en mi cuerpo, dándole unos minutos de tregua a mi cansado dolor...me desvanecí, me hice pequeña, me escondí de mi misma, y sentí como incluso, dejaba de respirar...

Cuando acepte el fin de una vida, cuanto menos absurda, una sonrisa, se tendió ante mi, me agarro fuerte de la camisa y me saco de aquel océano de dudas, y solo con aquella mirada, de repente, volví a creer en el ser humano...



1 comentario:

  1. Le das con suma fluidez y facilidad, una neblina de desesperación y soledad, que atrapa y envuelve al lector hasta incluso angustierle.

    De repente, entre tanta niebla, aparece un resplandor que te calma y te alegra. Ese algo tan sencillo y tan bello, como es una simple sonrisa, que te hace volver a creer en el ser humano.

    Por ser breve, pero suficiente, esta forma de terminar el relato..... mucho más hermosa.

    Un beso, mi niña.

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