25 enero, 2010

EXTRAÑAS



Para no recordar, escondí los momentos que me ataban a ti, más no fui capaz de tirarlos, de limitarme simplemente a aceptar el olvido. El miedo, se hacía cada vez más fuerte en mi interior, obligando a mis nervios a darme duelo. Durante los días siguientes los retales de historia que habíamos forjado, se atropellaban en mi inerte y hueca cabeza, haciendo eco, provocando serios daños cerebrales, acercándome más a time hice la fuerte, apreté los dientes y juré que no te necesitaba, pisé con fuerza el falso suelo bajo mis pies, y no volví la mirada hacia lo que se vislumbraba como pasado.

Pero era todo una mentira, una máscara en un baile de disfraces, un papel secundario de alguna mala película. Todo era mentira, porque no podía odiarte, porque ya casi no respiraba, porque me había vuelto invisible tu abandono, y dependía de tu cariño.

La vida tenía una extraña forma de hacerse notar, convertía el algodón en cuchillas de afeitar, te rajaba y observaba como poco a poco la dejabas partir y las heridas dolían, y la sangre brotaba a borbotones manchando de rojo todo lo que algún día había sido bello, y lo que más escocía eran los años compartidos, las horas de charla conociéndonos, dejando de ser extrañas